¿Quién es Roquesor?

(English version)



De la ficción a la realidad

El siguiente párrafo es un fragmento de mi primera novela:

“A la semana de vuelo, el Narval III se aproximaba al agujero negro 22-B.  No era un agujero común, conectaba con el Quinto Órgano, un grupo de galaxias microscópicas.  En tiempos remotos esta dimensión se había utilizado como penitenciaría espacial, más tarde todo desterrado también encontraba aquí alojamiento.  Por último, con la aparición del Síndrome de Degeneración Celular o SIDEC, epidemia que se expandió a escala universal, como última medida muchos de los infectados también fueron a dar ahí acabando su fama de basurero espacial.  Pero como, al parecer, la vida no es amiga de la limpieza […]”

En la historia de mi novela el principal problema del universo es una pandemia.  Esto lo escribí hace más de veinte años (corre 2020 al escribir esta actualización), registré esta primera novela en Argentina, en el año 2000.

No importa cuánto se insista en los medios, muy poco queda por “descubrir” en este mundo.  Poco o ningún margen para el espíritu viajero, salvaje, aventurero, hoy un pirata no sobrevive ni siquiera en el entorno virtual de la red.  Hice viajar a mi personaje al espacio exterior para salvar esta situación, no fue mi interés escribir ciencia ficción de ahí que, aunque contienen ciencia ficción yo no catalogaría mis novelas en este género.  El lector lo notará y no me avergüenza admitirlo, mis novelas están llenas de recursos baratos, gags y guiños a series de televisión y películas, no puse ningún esfuerzo en ser creativo, las historias están ahí sólo para vestir no tan amenos problemas éticos y filosóficos de algo entretenido para el lector.  Así y todo, como suele pasar con la ciencia ficción, hay muchas ideas genuinamente paridas por mi imaginación que me harían pasar por un verdadero tataranieto de Nostradamus.  Paso a mencionar un par de estas “coincidencias curiosas”, por llamarlas de alguna manera.

Uno de los tantos subrelatos en la historia de mi segunda novela (continuación de la primera) cuenta cómo en un futuro no muy lejano se admite en la Tierra visitantes del espacio exterior en calidad de refugiados, según ellos víctimas de guerras en otros mundos.  Siguen llegando en contingentes numerosos y colonizan todo el planeta, luego poco a poco van ganando influencia y poder, no por su tecnología superior sino por su mayor experiencia y manejo del mercado y la política.  Una vez toman el control empiezan los abusos, raptan hombres de la Tierra y los llevan a una estrella muerta en una galaxia lejana donde los hacen trabajar como esclavos en minas, extrayendo un mineral magnético usado para la propulsión de naves espaciales.  Esta estrella orbita un agujero negro muy particular, puerta de entrada a una dimensión microscópica…  Y aquí viene la primera coincidencia curiosa; en mi historia de ficción denominé la estrella muerta y el agujero negro que ésta orbita “22” y “22B” respectivamente, nombres que resultarán familiares a cualquier seguidor de noticias de ciencia y tecnología, dado que son exactamente los que los científicos del observatorio espacial Kepler pusieron al primer exoplaneta habitable descubierto y a la estrella del sistema donde orbita.  Luego, como se deduce de esta lista fue sólo casualidad que el vigésimo segundo planeta descubierto por el observatorio Kepler fuera el primero (teóricamente) habitable.  Con lo cual no me es lícito fantasear con que estos científicos hayan leído mis novelas.  :-)

Otro subrelato, más adelante en la misma historia de mi segunda novela, cuenta cómo uno de estos humanos esclavizados en la Estrella 22 logra escapar en una nave abandonada.  La nave pierde potencia y apenas logra desprenderse de la gravedad de la estrella debido a que el tanque de combustible tenía agujeros hechos por un insecto oriundo de la misma estrella capaz de disolver y digerir plástico.  Aquí llegamos a la segunda coincidencia curiosa.  Probablemente leyó algo acerca de un descubrimiento reciente acerca de gusanos que comen plástico.

¿Por qué digo que estas coincidencias son curiosas?  Los 22 y 22b de la vida real fueron descubiertos en 2009.  El gusano come plástico en 2014.  Pues bien, en esta oficina de Barcelona puede encontrar el registro realizado en 2005 de mi novela titulada La venganza del mutante firmada con mi nombre completo real (Walter Alejandro Iglesias) así como una copia impresa de la misma conteniendo los nombres y historias de ficción mencionados anteriormente.

Si estas coincidencias curiosas lo animan a leer mis novelas le prometo encontrará muchas más, no sólo en lo que a ciencia ficción se refiere.


VOLVER A LA PORTADA