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Amigos

Están los que dicen “la gente es ganado de las multinacionales”, yo mejor diría “la gente es ganado”, a secas, para evitar caer en el error común de echar la culpa de todo a los poderosos, que es otro comprensible hábito del ganado (y del revolucionario de turno).

A lo largo de mi vida he conocido algunos que por la forma en que se desempeñaban daban al menos la impresión de, en mayor o menor medida, ser excepciones a esta regla.  Obviamente, capturaron mi atención y en algunos casos mi consideración.  Así aprendí que no se puede juzgar a alguien por lo que dice o hace, es necesario conocer su intención y más aún su motivación.  Claro que, conocer las motivaciones del otro, especialmente las profundas, es un camino de ida, con lo cual no es prudente sacar conclusiones definitivas acerca de nadie, no obstante, sí podemos decir que si acabamos descubriendo que la motivación de alguien no es personal, auténtica, profunda es probable que estemos juzgando el libro por la portada.  Por ejemplo, no puede alguien movido puramente por la vanidad ser inmune a la domesticación sistemática a que hoy día a todos nos someten.

Bueno, al menos aún conservo los amigos que encontré en los libros.

Pero, la forma en que la gente defrauda es apenas una entre tantas manifestaciones del verdadero problema, su falta de interés.  Significa un problema porque no se trata de falta de interés puntual, lo dije en otros escritos y lo seguiré repitiendo, se puede resumir el mal del mundo a una sola frase: la gente no tiene auténtico interés por nada.

Sentimientos desconocidos para la mayoría, se confunde respeto con miedo, confianza con credulidad, amor propio con soberbia, es la ausencia de estos fundamentos la causa de su falta de honesto interés, lo que los convierte en animalitos dóciles; ya no hace falta vareo, basta un poco de propaganda y solitos se meten en la jaula a comer pienso, o dan su vida en la guerra contra un enemigo del sistema.

No hay que dejarse engañar por las apariencias, la falta de interés a que hago referencia está muy bien disimulada, hasta se inventó un concepto con este fin, el argumento del optimismo.  Algunos muestran gran entusiasmo y de hecho ponen toda su energía y trabajo en lo que los medios venden por valores.  Es más, le acusarán de falta de respeto y consideración por los demás si no muestra compartir su entusiasmo por la tendencia de moda.  A los que viven del lado adecuado del globo se los ve progresar en lo que a estos valores “inyectados” se refiere, no obstante se hace evidente su falta de metas y plan de vida honestos en su abandono de cuestiones que son prioridad para cualquiera, el cuidado de su entrono inmediato, principalmente la relación con sus seres queridos y con ellos mismos como persona, y del entorno general, que obviamente afecta directamente su salud y calidad de vida (la de todos).

Entre los síntomas evidentes tal vez el principal es que la mayoría de los que viven en los países llamados “desarrollados” tiene techo, que tal vez comparte con pareja o hijos, no obstante rara vez uno siente la calidez de un auténtico “hogar” en sus viviendas.  Otro es el lugar que ocupan en sus vidas las relaciones de amistad, no existe el más mínimo interés en la relación humana propiamente dicha, si no favorece alguna actividad que implique consumo se la considera pérdida total de tiempo.  Hoy día no es el café, la birra o el cine, es el amigo el pretexto, ir solo se interpreta como ser un “perdedor” y si se trata de un recital o discoteca no basta un amigo, hay que ir en grupo (lo que implica mayor consumo).  Originalmente, la música y su madre la danza eran el pretexto para relacionarse, hoy día la música son bits guardados en un reproductor digital que, para “aislarse” del mundo, la gente oye a todo volumen con los auriculares puestos, lo mismo puede decirse de las discotecas donde el volumen, las luces y el humo sabotean todo intento de diálogo.  La música simplemente se consume, a la discoteca se va pura y exclusivamente a consumir, los amigos cumplen la misma función que el logo de la marca registrada impreso en la ropa “de moda” que ya pagaron.

Son de conocimiento público las razones por las cuales es vital reducir el consumo, no obstante cada vez se consume más.  Y las nuevas generaciones, criadas en este entorno donde la auténtica relación humana ya más que devaluada está ausente, consumirán aún más y de manera más estúpida, intentando llenar ese agujero sin fondo que es su fractura con lo afectivo.

Y ya pueden llamarme pesimista los que insisten en aparentar.


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©2019 - Walter Alejandro Iglesias



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