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LA VENGANZA DEL
MUTANTE

cromosoma

Prospecto

La presente es una secuela de mi primera novela, Las enseñanzas del Señor Roquesor.  Aquí el personaje comparte protagonismo con un doble suyo al que encuentra en una segunda Tierra en un universo paralelo.  Este gemelo dimensional se parece en todo al Roquesor original excepto en que es noble y honesto, características que lo llevan a embarcarse en actos heroicos y sufrir las sabidas consecuencias de los mismos.  Con lo cual continúa la epopeya del primer Roquesor yuxtapuesta a la tragedia de su doble, único punto de conflicto entre ellos.

Un párrafo de esta novela dice del protagonista: «Se convertirá en la sombra o, quién sabe, en el espejo del mundo».  Teniendo en cuenta que la imagen que este espejo devuelve supera con creces y en todo sentido a la más dura crítica en la ficción me parece inocente y redundante advertir al lector que el contenido de esta obra puede herir su sensibilidad.  Debería bastar señalar que las vacunas son pequeñas dosis del mismo microorganismo que se pretende combatir.

De todos modos, ante cualquier duda consulte a su médico o farmacéutico.


El Autor


Así, el hombre, preñado de sentido,

respiró el aire, vomitó palabras,

mitificando, adueñándose

de lo inconcebible,

de su suerte,

de sí;

E inventó el fuego,

y vio que estaba bien,

y se hizo astronauta, viajó,

perdiéndose en su propio vientre:

«¿Quién soy? —gritó desde lo profundo—,


¿Qué soy?»


A mis extraños,
a mis conocidos-desconocidos.


I

DEO IGNOTO

En la Plaza del Centro

«No vengo a abolir ninguna ley.

»La especie que hace tres siglos habitaba este planeta era soberbia comparada con lo que ahora contemplo.  ¡No existe ni ha existido el dios que pretendéis!  ¿Qué gusto encontráis en vivir lamiéndoos como gatos, en mirar por debajo de vuestros sobacos?  Ni siquiera lográis ser simples o espontáneos, mucho menos “humildes” (de lo que tanto os jactáis).  ¿Os empeñáis en dar lástima?

»Tampoco vengo a hacer cumplir ley alguna, aquila non capit muscas.  Vengo a destruir.  Arrasaré el planeta, lo libraré de vuestros hábitos.  ¡Voy a mataros a todos!»

Roquesor 1, 2261 (III d.V.)


«Mito es manifestación de voluntad, intuición profunda, deseo profundo de prolongar, engrandecer y dar sentido a la existencia.  Esto no es sinónimo de eternidad.  Podemos recolectar escombros de mitos muertos, recurrir a la mitología como refugio ocultando recuerdos de vida, de poder, bajo la sombra de viejas catedrales.  Pero ¿por qué apostar a la agonía?

»Mito es hipótesis.  El deseo separa nuestro intelecto, lo sublima, lo extiende como brazo acaparador, atrayendo los astros ante nuestros ojos curiosos.  Tarde o temprano nacerán nuevos mitos, como soles y lunas; algunos para dar, otros para envidiar y fingir luz.  Y la carne volverá a triunfar como siempre lo ha hecho; ¡se solidificarán y serán herramientas, armas en nuestras manos!  Primero los titanes, más tarde los dioses, luego el hombre: cogito, ergo sum.  ¡Somos fuertes, somos dueños, somos la creación y el creador!

»Y no es mi destino disputar los intestinos de Zeus con los buitres.  Os señalaré un futuro no imaginado, desde lo oscuro de mi biónico corazón os intimo: ¡despertad, vivid, MATAD A LOS DIOSES!»


Roquesor 2, 2125 (II d.B.)

EL PRECIO DE LA FAMA

(Roquesor 2, 2125, siglo II d.B.)

¡Es el hijo de Dios!, gritaban las multitudes, ¡El Hijo de Dios, de nuevo entre los hombres!...  ¡Tal como la Biblia lo predijo!

—No entienden.  Nada tengo que ver con eso.

—¿Cómo explicas los milagros? —gritó uno.

—¿Qué milagros?

—¿Cómo puedes ver lo que va a suceder?

—Una parte de mí se encuentra lejos y me habla desde lo profundo.  Los maobac, por ejemplo, en algún lugar de mi mente los conocía, sabía que vendrían.  Entiendan, aunque alguno de nosotros sobreviva en el futuro la Tierra no será nuestro hogar.  De hecho, ya tenemos que compartirla.  Vendrán más maobac y quién sabe cuántas otras razas extraterrestres.  Y no crean que las hostiles son las peores.

«¡Racista!  Los maobac son buena gente.  ¡Eres amante de los conflictos, Roquesor de Pórlan!», inquirió uno.

«Recuerda cómo Jesús criticaba a los fariseos —gritó, otro fanático—.  ¡Es el Hijo del Hombre!  ¡Enséñanos el camino, Roquesor!»

¡Sí, es él, es el hijo de Dios!, volvió a gritar la multitud.

Imposible abrirse camino entre la gente, todos querían un pedazo de él.  Sabía que verlo volar los sumiría más en su mentira pero tuvo que hacerlo, a duras penas ganó altura esforzándose en lo que hacía mucho no practicaba, aunque no llegó lejos, un vehículo militar lo interceptó en el aire.  Éstos circulaban por carriles magnéticos, generados desde torres utilizando un mineral llamado letonita, tecnología traída a la Tierra por los maobac.

—Usted no entienda Roquesaur, fuéramos una raza pacífica.  Usted tuviera acceso a los medios y hablara todo el tiempo mal de nosotro, hablase pavada por la tele y por la radio, Roquesaur.  ¿Usted no creyera que, si somo como usted piensa, Roquesaur, no lo matásemos ya?  Entendiera que no lo queramo matar, queramo dia-lo-gar.

—Lo único que quiero de...

—Queramo dialogar, pero ute quisiese tenería la razón siempre.  Nosotro sabemos lo que dijiese, Roquesaur.  Hablase niñería.

—Cuando lle...

—¡CALLASE LA BOCA, no entendiese, así no fueramo a conclusionamos nada!  Usted fuera un niño.  Fuéramos tolerantes con ute, tiene suerte de que fuéramos un pueblo pacífico, “democrático”.  Pero supiera usté: la próxima vayamos a ir a conversar a la Estrella 22.

Concluido el diálogo con el jefe de relaciones exteriores maobac, uno de los guardias abrió la puerta del vehículo e invitó al Mutante a retirarse de un empujón.  En caída libre, desde mil metros de altura, el Golondrino trataba de recordar cómo volar.  Perseguido por humanos y maobac, el angustiado Golondrino volvió a su refugio, en el océano.

ROQUESOR BAJA A LA TIERRA

(Roquesor 1, 2261, siglo III d.V.)

Yardía: —¿Seguro no quieres que bajemos contigo?

Roquesor: —En principio iré solo.  Ya te avisaré.

—¿Será bueno que te encuentres con él?

—Voy a averiguarlo.  Debo saber qué paso.

—Es difícil creer que de aquí hayas salido tú.

—Desde hace tiempo que me es difícil simplemente creer.

El Biónico, dejando a su mujer y a su hijo de meses en el Narval IV descendió al que en teoría había sido su planeta natal.

LA VIRGEN DE LOS MIL ROSTROS

Su savia lucha por escurrirse entre los poros de la madera.  Cuando las ultimas gotas gelatinosas cobren independencia desde el suelo de piedra se verá a sí misma yacer de pie, parida por enésima vez entre las rocas y las sombras.

La Virgen de los Mil Rostros se auto canoniza, no tiene antes ni después filosófico.  Si algún día su cuerpo logra hacerse carne los angelotes reconstruirán su sexo.  Pero no será fácil desprenderse del pesado marco que una y otra vez la ha visto nacer y la sustenta; la madera, la piedra...

«¿Cuál de estas rocas oculta a mi Ariadna?
¿Bajo qué roca vive?
¿
Cultura, es lo que celosamente resguardáis?
¡Escombros difíciles de remover!  Pues os advierto,
llegarán vientos más fuertes, ¡llegarán!
El guerrero aguarda latente entre los escombros de eso
que llamáis cultura.
Y no es embrión común.  Os revelaré, no es humano.
¿Dónde?,
¿Bajo qué piel vive mi Ariadna?
¿Podré llegado el momento rescatarla de entre los escombros?
¿Vive aún disimulada bajo la delgada piel del arte?
Ay de mí, de mi destino,
debo volverme más fuerte que el Sol,
los tiempos no esperan...  Ya viene.
Debo ser capaz de soplar, incendiar, inundar,
más fuerte que la naturaleza, limpiar
hasta la última roca, el último esperpento.
Os diré más, el guerrero ha nacido.
¡Ariadna!, ¡ARIADNA!, ni mil gritos alcanzan expresar mi dolor,
mi transformación;
¿se cubrirá mi cuerpo de pelo?, ¿de púas?,
¿de tentáculos?...
Seré animal hermoso y fuerte,
como ningún otro haya habitado este planeta,
mi aliento caldeará el espacio, mi alarido retumbará en el cosmos.
Mi naturaleza, mi deseo, dragón interminable,
pide a gritos tu carne;
Ariadna, he nacido, ya soy, te ordeno,
hazte carne en mí.

»Y a vosotros os digo, no entenderéis mi lengua pero sabréis alimentarme; humanos, no descansaréis sobre mi lomo, ¡seréis mis esclavos!  El guerrero ha nacido ya.  Soy el guerrero.»

Miedo, hábito, especialización

Hay quienes se cagan en los pantalones al instante de haber comido.  Su demonio es lo rígido, lo estructurado, lo delimitado.  Viven en un medio líquido.  En el otro extremo, los hijos de la rutina viven estreñidos, sincronizando sus pasos con los segundos.  Miedo, hábito, especialización.

Lo que pierde su forma se convierte en inasible, lo inasible es placenta.  Puede ser refugio para los temerosos, o aventura para el audaz.  La cultura es útero.  Las formas sirven como refugio, o espada para el creativo.  Cuanto más arraigado un prejuicio más peso y autoridad dramática posee.  No por nada pequeños símbolos han sido la punta de lanza de grandes desplazamientos de ideas.  Y muchas muertes masivas causadas por dichos “desplazamientos”.

El nudo entre lo estructurado y lo oceánico se manifiesta en un símbolo.  El miedo humano encuentra útero en el símbolo que recuerda subliminalmente a la madre de las incertidumbres, el nudo entre lo estructurado y lo oceánico: la muerte.  En un pequeño símbolo como una cruz o una marca registrada se resumen todos los significados posibles, evidentes y ocultos.  Estos pequeños grandes símbolos cobran fuerza después de largos períodos de estabilidad; al mismo tiempo, retroalimentan el deseo de estructurarse a quienes viven en lo oceánico y de zambullirse a quienes en la rutina.  Desplazamientos de ideas; para vivir es necesario matar, para crear es necesario destruir, para obtener es necesario renunciar.  El devenir de la humanidad ha sido cíclico y al principio y final de cada frase, cada motivo, cada melodía, cobró fuerza un pequeño símbolo, un pequeño nudo entre nuestros padres, lo estructurado y lo oceánico.  Miedo + hábito + especialización = cultura.

EL DEVENIR DE LAS ESPECIES

(2261)

Roquesor 1: —Desde aquí ya no se ve las estrellas.

Roquesor 2: —Y ésta es de las mejores noches.

—Tampoco veo gente.  Creía que a estas alturas la Tierra iba a estar superpoblada.

—Duermen.

—¿Dónde?, ¡hay más ruinas que ciudad!  ¿Hubo guerra?

—No se sabe si fue un fenómeno natural o algún experimento de los maobac.

—¡¿Esas inmundicias aquí?!

—Traían dinero, tecnología.  El gobierno los dejó entrar.

—Ni en el microórgano me los aceptan.  ¡Ni para comida sirven!

—¿Micro qué?...

FSSSHHHHHHHSFFFFF

—¿Qué fue eso?

—Será mejor que volvamos.  De noche salen las palomas.

—No entiendo.

—Por eso no se ve nadie en la calle de noche.

Tres pares de ojos fluorescentes caminaban por el medio de la Plaza.  La débil luz del farol recortó el perfil: patas largas que sostenían un ave del tamaño de un pollo flaco, con cuello alargado, cabeza semi lampiña y pico que degeneraba entre el de una gaviota y un buitre.

»Se han vuelto carnívoras.  Ya no se encuentra comida tirada en la calle como antaño.  Esas que ves ahí son corredoras pero las pequeñas como la que antes pasó vuelan y ven de noche mejor que una lechuza.  Ahora que están entretenidas con el cadáver del perro, si caminamos lentamente hasta la entrada del subterráneo podremos refugiarnos.

—¿Refugiarnos?

Antes de que el Roquesor de la Tierra pestañease el Roquesor recién llegado del espacio había matado una por una las palomas.

—¡Asombroso!  Entonces, ¡el convertidor de masa a ti te funcionó!

—Hace tiempo que no lo utilizo, aprendí mucho allá arriba.  Asombroso es ver mi planeta tan cambiado y al mismo tiempo tan parecido a mis premoniciones.

¿Animal exuberante o animal de costumbres?

¿Qué sentido tendría la creatividad sin la monotonía de lo creado?  No todos nacimos para analizar la vida sólo por su estética.  Nada es sin su contexto para los ojos del entendimiento, éste, como la visión del reptil, ve sólo lo que se mueve, lo que vive.  Es el intento de la lógica, vincular.  El ocio en sí anula, también la rutina en sí.

La creatividad de ciertos animales exuberantes nace de la interacción entre ambas estéticas.  Deberíamos ver más como los reptiles, ver lo que se mueve.

Los Payasos matan para Roquesor

Roquesor 2: —No obstante, como ves, las moscas y las cucarachas siguen conviviendo amablemente con la gente.

Roquesor 1: —Dudo sobre qué hacer.  Podría limpiar este planeta en cuestión de horas y venderlo a muy buen precio.  ¿Puedes creer?, tengo nostalgia, hasta siento que los quiero.  ¡Lo que puede la imaginación y la distancia!

—Me hubiera gustado ver lo que viste, viajar.

—¿Qué pasó contigo?

—La nave no despegó.

—¿Qué dices?

—Tiré de la palanca y no funcionó.

—¿Y en las pruebas preliminares, con Tatú?

—¿Quién es Tatú?

—Esto se está poniendo más difícil de lo que creía.

—Espera... —se detiene cruzando el brazo en el pecho de su compañero—.  ¡Vienen los payasos!

Un grupo de quince jóvenes corría por la avenida ancha que lindaba con la Plaza.  Con sus rostros deformados, maquillados con colores y vistiendo andrajos, aullaban y reían como hienas.

»Vienen por mí.  Me conocen.  La última vez me costó horas desembarazarme de ellos, tuve que correr kilómetros.

—¿Qué fue de tus alas?

—Perdí la habilidad hace años.  He perdido todo.  No sabes lo triste que ha sido mi vida estos siglos.  A nadie conozco, soy un fantasma entre fantasmas, pero ya te contaré luego, ahora ayúdame, volemos lejos de aquí, ya reconocieron mi vibración, ¡vienen a matarme!

—No es necesario despegar ni un pie del suelo por esas inmundicias.  ¡Conque en esto degeneró mi antiguo enemigo!, ¡de entre las rocas y el mármol nacieron estos bichos!  No te preocupes, ahora ellos matan para mí —palmeándole el hombro—.  Y para ti, por supuesto.

Dicho esto, el Roquesor llegado del espacio miró fijo a los payasos.  Enajenados, los jóvenes comenzaron a gritar, correr en círculos y matarse entre ellos.  Pasada la agitación, lentamente caminó el Mutante hasta donde yacía semiconsciente el último sobreviviente de la pelea.

»Duerme —susurró, acariciando el rostro moribundo—, duerme...

Y el payaso dio su último alarido al sentir la pezuña fría clavándose en su ojo derecho.

»¿Probaste esto? —ofreciendo al Roquesor de la Tierra el ojo izquierdo de la víctima.

—Me das miedo de mí mismo.

—Bah, con razón tu nave no despegó, te falta confianza.  Cuéntame, ¿qué fue de nuestro padre?

VENDO UNA VERDAD

«Vendo una verdad soporífera.  ¿Quieres ser feliz?, ¿vivir en armonía?, es tuya, bajo su efecto nada romperá tu sueño.

»Vendo una verdad todopoderosa, refrescará tu verano, arropará tu invierno.  Obvia, accesible, cómplice de tus suaves sentidos.  Te resguardará de lo desagradable, de lo malo, del dolor.

»También tengo una mentira pero ésa, podría matarte.»

Papá

Roquesor 2: —En el fondo del océano.

Roquesor 1: —Pero falleció en Pórlan, supongo.

—Hoy Pórlan yace bajo el mar.  Voy ahí todos los días.  A veces visito su tumba.

—No parece haberte ido bien.

—Mi vida ha sido difícil.  Los humanos me persiguen porque me creen una deidad.  Los maobac, porque les molesto, y no me matan porque no les conviene.  Es más cómodo para ellos mantener a los humanos en su hábitat y costumbres.  Sólo han reducido a esclavos a los trasladados a yacimientos de letonita.  Les oí mencionar la Estrella 22 que es adonde llevan a la mayoría.

—¡Dominados por los maobac!  ¿Sabes qué lugar suelen ocupar los maobac en otras civilizaciones?  ¡El de los mendigos!  No pienso mover un dedo, ¡que la naturaleza siga su curso!

—Arribaron primero en naves pequeñas, decían que su planeta había sido invadido, se los admitió como refugiados.

—Típico.

—Llegaron más y más naves.  En cierta medida fueron necesarios, a principios del siglo pasado las carreteras estaban atestadas de vehículos, ya era imposible circular.  La novedad de la letonita fascinó a todos, solucionó el problema del transporte y la polución.  En los yacimientos de petróleo abandonados ahora hay villas.  El motor a explosión lo usa el pobre, clandestinamente, porque prohibieron su uso.

—Es lo malo de vivir tantos años.  Ves la historia plagiarse a sí misma hasta el asco.

—Psé.

—Algo no entendí.  Me dijiste que vas a Pórlan cada día.  ¿No es que está sumergido?

—Por eso perdí mi habilidad de volar.  Como ves hoy mi refugio no puede ser el aire.  Vivo en el océano.

—Veo que no soy el único que ha cambiado.  Me muero por volver a ver Pórlan.  Pero no sé respirar bajo el agua.

—Adapté una nave maobac abandonada.  Hice un submarino.

—Ajá.  Las discusiones con nuestro padre fueron violentas y desagradables pero quizá hicieron de nosotros lo que somos.

—Yo también lo extraño.

La mayor crueldad

«Padre, padre mío, ¡te odio!  La herida que has abierto en mí es peor que eterna, la herida de la vida, la misma que abriré en mis queridos hijos.

»Ser padre es la mayor traición, la mayor crueldad.  Seremos padres crueles de hijos desvalidos por el mundo, como brazos de nuestras frustraciones, pretendiendo alcanzar la Nada.  Fuimos hijos de lo desconocido y seremos padres de la oscuridad.  ¡Cuánta maldad hay en el mundo!, ¡cuánta maldad hay en la paternidad!

»Sólo un padre es capaz de amar; nuestros hijos amarán a los suyos y así el cruel devenir del mundo.  Somos la creación y el creador.»

REALIDAD = CONCIENCIA

«Ismo, ¡perdón!
¡Enarbólate ante mí!
Ismo espada, ismo pluma, ismo palabra,
¡Líbrame!
¡Líbrame de estos bichejos!
Ismo, ismo, ismo,
Cortaré cabezas con tu filo,
Voy a utilizarte.
¡Voy a matar!...

La realidad de cada uno termina donde su conciencia.  El límite de ambas es el mismo.  De la pretendida refutación de esto viven los psicólogos.

La conciencia determina la calidad y belleza de la percepción.  Consciente, subconsciente e inconsciente son uno.  Imágenes, palabras, símbolos, son una misma cosa.  El no cimentar las estructuras en lo profundo, lo oceánico, lleva a ciertos individuos a ver la realidad como algo ajeno.  Por esto es necesaria la revisión de la propia historia; mover el “foco de atención” de pies a cabeza, proyectar lo profundo de nuestra personalidad al cosmos puede cambiar, amalgamar y al mismo tiempo volver más flexible la realidad.

Hay un determinante fundamental en la calidad y belleza de lo que se percibe: el miedo.  Hubo culturas que concibieron dioses a imagen del hombre, luego investigadores que crearon historia a partir del calendario.  ¿Puede concebir historia el mismo criterio que juzga lo inmediato?  De la amplitud de visión depende la realidad y ésta última se puede amalgamar a partir de cualquier código, cualquier imagen.  En términos generales, ¿cómo refutar que la realidad es la conciencia?

¿Existe el afuera?

Entender la realidad como algo externo alivia de mucha responsabilidad.  La aventura, la expansión de la propia realidad es indefectiblemente una experiencia personal.  Tanto hacia dentro como hacia fuera, hay mucho Yo desconocido.

No podemos explicar nuestra conciencia a partir de la materia sino basándonos en la manipulación de la energía que es lo que nos distingue como seres vivos.  Podemos sentir, ver, ser conscientes por ejemplo de nuestro brazo o nuestro estómago, de nuestra vida, gracias a que somos también energía.  Cada individuo es, como decía el poeta, un afluente al gran mar.  El cuerpo físico no define al individuo, es el intercambio de energía con el medio lo que define al ser.

Viéndolo de este modo es aún más difícil distinguir entre fuera y dentro y responder la pregunta oculta detrás de toda especulación de poder: ¿existe el afuera?

Ismo

»Ya no necesito vuestra comprensión.  Lejos de vuestra inmunda lasitud, de vuestras miradas bobinas, de vuestro quejumbroso vacilar que pretende ser palabra, vuelo más allá de la imaginación, con alas de hereje, inconstantes, salvajes, reconstruidas por mi silencio.  No necesito vuestra comprensión.

»Según los años pasan más me convenzo; ismo, ismo, ismo.  Resignado me rindo ante la falta de interés, enemigo invencible que sólo reconoce órdenes: realidad = conciencia»

Los últimos serán los primeros

(Roquesor 1, 2261)

—Conque, vosotros sois “los últimos”.

—Hemos visto tus milagros.  Sabemos quien eres.  Por favor, ¡sálvanos!, oh, Todopoderoso.  Tú sabes que hemos sido justos, buenos.  ¡Danos tu bendición, oh Señor, Padre Celestial!

—¿Así que vosotros sois los rezagados, los últimos?  Seréis los primeros entonces, vuestro será el anhelado Reino...

Con un destello de su láser, el Mutante del Espacio cercenó los cuerpos de los veinte fanáticos ante la mirada atónita de los maobac.

Venganza

»Humano
¿Querías tapar mi boca?,
Pues la has amplificado.
¿Inmovilizar mis manos?
Ojos le has dado,
Herramientas divinas son
Arando el inconsciente.
¿Querías ridiculizarme?,
Abriste canales en mi frente, en mis sienes, en mi nuca,
Engrandeciéndome, más allá de tu comprensión.
Y mírate,
Por más que grites
Nadie responderá.
Pide,
Nada te será dado.
¡Golpea!,
Nadie te abrirá...  Humano,
El peso de mi espada no podría hacerte
Más daño del que a ti mismo te has hecho,
Pero sí su brillo.  Puedo vengarme
Con sólo mostrarte,
Reflejar lo que eres.»



*** Fin del primer capítulo de La venganza del mutante. ***




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