Las herramientas de chat preceden a internet. Históricamente, antes de que se impusiera el teléfono inteligente (inteligente el teléfono, no quien lo usa), han sido usadas justamente para eso, charlar (chat es ‘charlar’ en inglés), lo que uno hace casualmente con el verdulero, con el vecino con el que se cruza por la calle o con el amigote en el bar de la esquina. Cuando uno contacta una empresa o un servicio público, no lo hace para charlar, ¿no? Que se haya adoptado el WhatsApp (herramienta privada, protocolo privado) como principal medio de comunicación para todo, prefiriéndolo a herramientas como el correo electrónico (protocolo abierto, puede ser servido y utilizado desde cualquier máquina, no depende de una multinacional en particular) es un ejemplo entre mil de cómo todo se degrada cada día.
Esta tendencia es aún más marcada en latino américa, donde el complejo de inferioridad implantado desde siglos por el Europeo hace al común denominador aún más susceptible de ser manipulado. Hasta el juguete más estúpido vendido y promocionado por la multinacional de turno es adoptado por todos sin cuestión, incluso por organismos estatales. Planeando visitar mi país natal, Argentina (resido en España desde 2001), me entero de que con el servicio de salud pública, el WhatsApp es la herramienta oficial para solicitar la visita con el médico.
En la época de mi madre, se echaba la culpa al limitado acceso a la información o a la educación. Hoy es evidente de que se trata de falta total de dignidad.
©2026 - Walter Alejandro Iglesias.