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Soluciones prácticas

Ahora que estamos sufriendo nuestra primera pandemia global (COVID-19) siento que es el momento ideal para decir lo que en otras circunstancias sería ignorado.

La humanidad tiene dos problemas prácticos fundamentales: superpoblación y contaminación.  El segundo es en parte consecuencia del primero, si fuéramos sólo un millón en el mundo nuestras actividades no significarían gran impacto para el medio ambiente, pero ya eramos cuatro millones en el 10000 AC, actualmente somos siete mil ochocientos millones.

El “fin del mundo” con que fantasean algunos no va a venir así de fácil.  La naturaleza no se encargará de nosotros a tiempo.  No vendrá una civilización extraterrestre madura a educarnos, amenazando con exterminarnos si no nos portamos bien.  Lo que va realmente a suceder es lo que ha venido sucediendo sin que nadie se haga cargo, especialmente en los últimos siglos, que nuestro entorno se seguirá degradando progresivamente, volviéndose menos saludable.  Entonces usted, ¿qué hace o sugiere hacer al respecto?

Para reducir la población mundial:

Y para reducir la contaminación:

A esta altura cabe formular la pregunta más importante: ¿siente que lo estoy tratando de idiota?  Si es el caso está matando al mensajero; yo sólo se lo estoy haciendo notar, ir por la vida como un idiota ha sido siempre su elección.  El punto de este sarcasmo es que, subyacente a los dos problemas prácticos mencionados, hay uno ético a solucionar primero, que es la irritante tendencia de la gente a evadir la responsabilidad.  Hay problemas que no se van por sí solos, ignorarlos o darles tiempo no es suficiente, especialmente cuando nostros mismos los alimentamos día a día con nuestros actos.  En el fondo todo el mundo sabe, pero niega, que hay sólo dos soluciones reales a los dos problemas prácticos respectivamente:

  1. La solución a la superpoblación es dejar de tener hijos.
  2. La solución a la contaminación es moderar el consumo.

La segunda solución requiere un cambio radical de enfoque.  Entender que tener más, comprar más, producir más, consumir más, no lo hará necesariamente más feliz y en todos los casos implica sumar contaminación.  No hay calidad de vida sin salud.  Entonces, un buen comienzo en el cambio radical de enfoque hacia una vida mejor es confrontar su propia verdad, que usted, sea por dejadez, pereza, comodidad, cobardía, falta de personalidad, de iniciativa o una combinación de estos factores, ha venido dejándose engañar por los medios en cuanto a lo que calidad de vida y bien vivir respecta.


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©2020 - Walter Alejandro Iglesias



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