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Ved en trono a la noble igualdad

Se aburren del tema que sea antes de siquiera enterarse de qué se trata.  Incluso temas propuestos por ellos mismos, a los que con marcado entusiasmo venden como de gran interés en la ocasión social que sea.  Leen una de cada cuatro líneas y de lo que no adivinaron se olvidan a los cinco minutos.  Luego se enojan muchísimo si te atreves a poner en duda sus conclusiones.  Tomarse el trabajo de explicarles fundamentos sólo empeorará la situación porque, obviamente, tampoco van a tener voluntad de atender a esta explicación, si además de tediosa le resulta complicada se sentirán “subestimados” y te acusarán de soberbio.

Llegado este punto conviene abandonar la discusión y evitar aguantar los niveles de prepotencia que siguen: si los delirios y mentiras no cuelan vienen los insultos, luego los gritos, por último, si uno sigue cometiendo la imprudencia de insistir en no aceptar sumisamente lo impuesto, vienen la amenaza y la violencia, porque también sacan conclusiones apresuradas con respecto a poder “patearte el culo”.

El fascista honesto salta directamente al último paso puesto que no se ve en la necesidad de ocultar que es él quien te subestimó, desde un principio y por cuestiones arbitrarias.


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©2019 - Walter Alejandro Iglesias



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